Guerra a las pajitas de plástico

Los plásticos son uno de los enemigos más devastadores del medio ambiente y sólo en España se consumen más de 5.000 millones de pajitas de plástico al año, un rival difícil, pero no imposible de combatir.

Son un complemento aparentemente inofensivo en las bebidas de muchos restaurantes y cafeterías, pero las pajitas de plástico son un arma silenciosa y destructora para el medio ambiente y, especialmente, para la fauna marina. La escasa vida útil que puede proporcionarnos en unos cuantos sorbos se transforma en una vida que se puede prolongar cientos de años degradando el medio ambiente, ya que no llegan a descomponerse. Las pajitas suponen el 4% de los 8 millones de toneladas de basura plástica a nivel mundial y, aunque en España el uso de este utensilio no es tan generalizado, no podemos eludir nuestra responsabilidad, ya que nuestro país consume 5.000 millones de estas pajitas según indica Julio Barea, responsable de campaña de Greenpeace España.

La cruzada contra el plástico no es ninguna novedad y cada vez somos más conscientes a la hora de reciclar y emplear, por ejemplo, bolsas biodegradables o de tela en nuestro día a día. Así, hemos logrado reducir el impacto de este material en nuestros océanos y ecosistemas terrestres. En 2016 reciclamos un 76% de envases y en dos décadas hemos ahorrado la emisión de CO2 en cerca de 18 millones de toneladas. Concretamente el reciclaje de envases de plástico domésticos representa el 8% del total de residuos urbanos, una cifra nada desdeñable si la comparamos con el 4,8% que representaba hace 20 años. Esto demuestra que, aunque sea despacio, la guerra declarada al plástico continúa y ahora la lucha es contra las pajitas de plástico, “un producto absolutamente innecesario, superfluo y perjudicial para nuestros ecosistemas” advierte Julio Barea.

Las cifras son escandalosas. Sólo en el mundo se utilizan mil millones de pajitas al día de las cuales 500 millones se consumen diariamente sólo en Estados Unidos, tantas que unidas podrían dar la vuelta al mundo dos veces y media. Pero no hace falta irnos tan lejos: “En Europa se consumen cerca de 36.000 millones de pajitas al año y en España, sólo en el sector de comida rápida, representan 5.000 millones, lo que equivale a 100 pajitas por ciudadano al año”, indica Julio Barea. En España todavía no somos del todo conscientes de lo que arrojamos a nuestros mares, pero precisamente Greenpeaceya ha advertido en varias campañas de la cantidad de residuos de plástico encontrados en las playas mediterráneas de Baleares, siendo botellas, vasos y pajitas los objetos que más se abandonan en estos ecosistemas.

Efectos destructores de un objeto aparentemente insignificante

El consumo indiscriminado de estas pajitas implica que, aunque las echemos al contenedor de plásticos, éstas se desechan en las plantas de reciclaje y muchas de ellas terminan en nuestros mares y océanos con el consiguiente riesgo para la fauna marina, lo que incluye peces y aves. “La tortuga boba, el cachalote y, en general, todos los peces que habitan nuestras aguas y las aves que dependen de ellos son víctimas de estos y otros elementos plásticos que al final se transmiten a la cadena alimentaria”, advierte José Luis García Varas, responsable del Programa Marino de WWF España.

Su acumulación en las riberas de los ríos, playas y zonas costeras hace que muchos animales las confundan con comida y al ser ingeridas perforan el estómago de numerosos animales marinos, taponan sus vías respiratorias. Para muestra el vídeo que en 2015 se convirtió en viral, con más de 12 millones de visualizaciones, en el que una tortuga marina sufre al sacarle una pajita de uno de sus orificios nasales. Estas imágenes hicieron reaccionar a numerosas asociaciones y organizaciones mundiales que declararon la guerra de inmediato a este residuo.

Desde Plastic Pollution Coallition, una plataforma que aglutina a unas 500 organizaciones ecologistas y humanitarias de todo el mundo, ya han puesto en marcha campañas como #StopSucking (#DejadeSorber) o la iniciativa Be Straw Free, en EEUU, ha declarado el 11 de julio como Día Internacional Sin Pajitas. En nuestro país, Baleares encabeza esta guerra contra el plástico y acaba de anunciar un endurecimiento con el anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados en el que establece, entre otras medidas, la erradicación del uso de cápsulas de café de un solo uso no reciclables y la imposición del uso de materiales reutilizables en la fabricación de platos, vasos, bastoncillos, mecheros, toallitas o maquinillas. “Nuestras islas deberían ser abanderadas en esta lucha contra el plástico para la preservación de sus ecosistemas y debido a su problema de espacio en la gestión de residuos”, añade García Varas.

Una solución ¿posible?

Pero, ¿quién tiene la responsabilidad del consumo de las pajitas de plástico? Si bien es cierto que deberían ser los fabricantes y las grandes compañías que suministran de forma constante e irresponsable estos utensilios, también nosotros, como consumidores, tenemos poder para revertir esta situación y forzar un cambio: “Debemos exigir alternativas viables de un problema que nos afecta a todos.” asegura García Varas de WWF. El primero de ellos renunciar a su uso o bien exigir el empleo de métodos alternativoscomo los que están surgiendo por parte de algunos fabricantes como son la utilización de pajitas comestibles o aquellas elaboradas con materiales reciclables como el acero inoxidable, el vidrio, el bambú o biodegradables de papel.

En segundo lugar, presionar para exigir un cambio en la legislación vigente en cuestión de usos de plásticos mediante el endurecimiento de leyes, de hecho, para Julio Barea “su uso debería estar directamente prohibido”. Pero mientras no sea así se debe incidir en “la investigación de procesos de reciclaje y la sustitución de materiales como los polímeros” puntualiza el responsable de WWF. Y, por último, establecer mayores políticas de control y sanción a aquellos que no cumplan con estos preceptos: “Quien pone en el mercado este producto debe poner los medios para reciclarlo y reutilizarlo”, sentencia Barea. Sólo de esa manera lograremos la verdadera economía circular que “actualmente no se está cumpliendo”.

Aunque estamos lejos de dar una solución al problema vamos dando pasos y 2018 se perfila como un año especialmente combativo en esta lucha declarada al plástico. En nuestro país, Cataluña es la comunidad más adelantada al vetar, por ejemplo, el uso gratuito e indiscriminado de bolsas de plástico y, con el reciente anteproyecto de Ley anunciado por Baleares, se da un paso más en presionar a la industria en el uso de materiales biodegradables o bien exigir el reciclaje de aquellos materiales desechados. En esta guerra debemos combatir todos pues en nosotros está la llave para cerrar el grifo del vertido plástico a la que es también nuestra casa.

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